
La rutina diaria es cosa vuestra: limpiar los filtros de lamas —esas rejillas que atrapan la grasa antes de que entre al conducto— y repasar las superficies accesibles. En una cantina universitaria con servicio comprimido, el equipo lo hace tras cerrar, cuando la cocina está fría. Aquí se termina el trabajo propio. El desengrase profundo del plenum (la cámara bajo la campana), los registros y la turbina exige medios profesionales y no se improvisa en media hora.
Nosotros asumimos esa parte técnica, programada para vuestros cierres reales de Navidad, Semana Santa o agosto. Si el campus está parado, aprovechamos; si solo podéis parar un fin de semana en Montflorit, nos adaptamos. Para ver qué toca a cada cual y cómo coordinar el acceso a cubiertas en el Parc Tecnològic, mirad nuestro catálogo de servicios. Es cuestión de organización y calendario, no de milagros.
Qué retiene un filtro de lamas y qué deja pasar hacia el plenum
El filtro de lamas funciona obligando al aire a cambiar de dirección varias veces. La grasa, al ser más pesada que el vapor, no sigue el giro y choca contra las láminas metálicas, escurriendo hacia la bandeja colectora situada en la base del cuerpo extractor. Es un mecanismo puramente mecánico: separa lo grueso y viscoso. Sin embargo, ese aceite denso no es el único enemigo. Las partículas finas pasan a través de las lamas sin apenas detenerse.
Esa niebla de aceite fino es la que termina formando una película adherente en las paredes internas del plenum, la cámara de acumulación bajo la campana. Con el tiempo, esa capa viaja por los conductos hasta llegar al rodete de la turbina o se deposita en los tramos horizontales largos que vemos en los edificios docentes de Bellaterra, donde el recorrido por falso techo facilita la acumulación. Por eso, lavar los filtros cada cierto tiempo ayuda a mantener el caudal y alarga la vida útil de la instalación, pero no elimina el residuo pegado a la chapa del ducto. La limpieza de filtros no sustituye al desengrase profundo; son dos acciones distintas para problemas diferentes.
Lamas o malla metálica: qué monta cada cocina de Cerdanyola
En los grandes comedores del campus de la UAB, donde el frente de fuegos corre sin interrupción, lo habitual son los filtros de lamas. Son esas rejillas metálicas con ángulos que atrapan las grasas más pesadas por inercia. Al haber varias campanas seguidas, se colocan juegos largos uno tras otro. Su limpieza es rápida: basta con desengrasar y aclarar, aunque exigen revisar que ninguna lama esté torcida para no perder eficiencia en el plenum (la cámara de aire bajo la campana).
Sin embargo, en las cantinas del Parc Tecnològic o en los offices de planta se ve más malla metálica. Aquí el problema cambia: un aceite fino satura los poros pequeños de la red y genera una costra pegajosa que bloquea el paso del aire mucho antes. No vale con pasar un trapo; hay que sumergir la pieza para disolver ese residuo viscoso. Si notas que el tiraje baja pero la superficie parece limpia, sospecha de la malla obstruida internamente.
Cada tipo requiere su propio protocolo de mantenimiento para evitar averías en los rodetes. En Campanix adaptamos la intervención a lo que monta tu cocina, sea en Bellaterra o en los polígonos de Can Mitjans. Consulta cómo tratamos cada material en nuestra página de servicios.
Cada cuánto pasan por el lavavajillas en una cantina de mediodía corto
El número de servicios no lo marca el tamaño del local, sino el volumen de fritura y las horas pico. En una cantina que concentra el comido entre la una y las tres con freidora doble, la grasa satura el plenum —la caja de distribución de aire— mucho antes que en una cafetería de bocadillos. Las miles de raciones del campus universitario generan un acúmulo rápido durante esa franja corta. Por eso, fijar fechas al calendario sin mirar la realidad de la cocina es un error habitual.
Para decidir cuándo tocar los conductos, usa criterios visibles y medibles, no intuiciones. Pesa el filtro de lamas: si supera su peso seco conocido, toca limpieza. Observa el escurrido de la bandeja inferior; si gotea más allá del tiempo normal, la extracción falla. Cronometra cuánto tarda en secarse el rodete tras un lavado manual. Estos detalles reales evitan intervenciones prematuras o riesgos por acumulación. En Campanix ajustamos la frecuencia según estos indicadores concretos de tu servicio, respetando las ventanas de cierre de Navidad, Semana Santa y agosto para no interrumpir el comedor.
Por qué un filtro montado en húmedo devuelve la grasa a la campana
El fallo más habitual en la cocina es recolocar el filtro de lamas —esa rejilla que retiene las grasas— directamente del lavavajillas, empapado y con restos de detergente. El agua sucia no se queda en la pieza: gotea hacia la bandeja colectora y penetra en el cuerpo de la campana. Con el tiempo, esa humedad constante pudre las juntas y deja marcas imposibles de borrar en el acero.
La secuencia correcta es inflexible: escurrir bien, secar al trapo y montar en su carril exacto hasta oír el tope. En Campanix, cuando intervenimos en los comedores universitarios de Bellaterra o en los restaurantes del Carrer de Sant Ramon, tratamos estos componentes en cuba de inmersión química. Se sacan limpios, pero sobre todo secos, listos para volver a su sitio sin arrastrar un solo mililitro de líquido al interior de la extracción.
Tener un juego de repuesto para no quedarse sin extracción en pleno servicio
Un comedor de campus no puede detener la cocina a media mañana porque el filtro esté secando. Aquí el calendario manda: entre el cierre de Navidad, Semana Santa y agosto, solo hay tres ventanas para parar, y se reservan con meses de antelación. La solución práctica es tener un segundo juego de filtros de lamas —esas rejillas metálicas que atrapan la grasa— listo para rotar. Así, mientras uno está en limpieza, el otro ya trabaja en la campana.
En Campanix tomamos nota exacta de cuántos filtros lleva cada boca y sus medidas durante la visita inicial. En Bellaterra, por ejemplo, muchos conductos horizontales bajo falso techo obligan a juegos específicos. Anotamos todo en el registro de tu cocina para que la reposición no dependa de la memoria del jefe de mantenimiento. Cada vez que intervenimos, dejamos el juego repuesto colocado y documentado, garantizando que la extracción nunca pare por falta de pieza.
Dónde acaba la rutina de cocina y empieza el desengrase de la línea
La línea se parte en dos. Tu equipo mantiene lo visible: filtros de lamas, bandejas y superficies del frente de fuegos. A partir del plenum —la cámara que recibe el humo antes de entrar al conducto— empieza otra historia. Ahí hace falta desmontar tramos, proteger los fogones con plástico térmico y usar útiles específicos según el diámetro de la tubería para no dañar las juntas. En edificios docentes como los de Bellaterra, el recorrido horizontal por falso techo acumula grasa en codos cerrados; limpiarlo exige acceso a cubierta, algo que solo hacemos nosotros.
El alcance completo está detallado en nuestros servicios, pero ambas cosas se complementan. Una rutina diaria constante evita que la grasa se vuelva sólida, así que la intervención a fondo rinde mucho más dentro de la ventana disponible. Piensa en las fechas reales: solo podéis parar en Navidad, Semana Santa o agosto. Si reserváis con meses de antelación, llegamos con todo preparado y entregamos un informe con fotos de antes y después de cada tramo.